Este ejercicio ha sido realizado para el MOOC "Curso Superior de Teoría de la Literatura" de Jesús G. Maestro.
El objetivo principal de este libro es revisar el concepto de ficción en literatura en función del Materialismo Filosófico aplicado a la Teoría de la Literatura. Jesús G. Maestro demuestra los defectos de la línea epistemológica que han seguido aquellos que continuaron el pensamiento aristotélico. Del mismo modo, considera que la perspectiva gnoseológica que exige al discurso literario una verdad carece de sentido:
[…], propongo
que la única posición adecuada, en términos críticos y científicos, es decir,
desde la Filosofía y desde la Teoría de la Literatura, para construir un
concepto de ficción que resulte operativo y útil a la hora de interpretar los
textos y las obras literarias es la perspectiva ontológica, concretamente, la
que ofrece de la literatura la ontología materialista. (Maestro: 2006)
Existe,
por tanto, un confusionismo conceptual de
la idea de ficción. Así se titula el apartado dos de este libro. Las
teorías filológicas (Segre), las del formalismo idealista (Booth), las del
idealismo metafísico (Dolezel), las del materialismo fisicalista (Schmidt),
etc. se caracterizan por su falta de rigurosidad. Dice el profesor Maestro que “La
mayor parte de las teorías literarias que se han enunciado sobre la ficción se
basan en argumentos puramente psicologistas, que conducen sin más a una
exaltación metafísica y optimista de las formas literarias”:
Si
muchas teorías parten de realidad y verdad como fundamentos de la ficción,
lo primero que habría que hacer es explicar con precisión tales conceptos. En
este libro se sostiene la tesis de que la idea aristotélica de que el contenido
de los textos literarios es falso y el de los históricos verdadero es una
falacia epistemológica. Las ideas de Historia y Literatura en Aristóteles son
erróneas:
Entonces, ¿por
qué somos aristotélicos al sostener una idea de ficción literaria que las
ciencias categoriales no pueden suscribir de ningún modo? ¿Por qué nuestra idea
de ficción es irracional y extemporáneamente aristotélica? ¿Por qué asumir de
forma acrítica una idea de ficción, elaborada por Aristóteles hace dos milenios
y medio, cuando la realidad de la Literatura y la ontología de la Realidad son
materialmente incompatibles con semejante idea aristotélica de ficción?
Convenzámonos: Aristóteles no es nuestro colega. (Maestro: 2006)
La
relación de la Literatura con la realidad es totalmente necesaria, por lo que
este tema se trata en términos ontológicos. Jesús G. Maestro propone sustituir el
concepto de creación por el
de construcción; en este sentido,
asegura, el Materialismo Filosófico “se postula como una de las teorías más
coherentes y eficaces para interpretar la literatura”.
Otro
concepto como el de verdad para
abordar la ficción queda eliminado, puesto que “solo es pertinente en el campo
gnoseológico de las ciencias categoriales, y la Literatura no es,
evidentemente, una ciencia categorial, obligada a constituir un discurso
verificable en los hechos de los seres humanos”. Don Quijote, por ejemplo, no
ha existido nunca.
Tras
explicar la ontología materialista, Maestro critica las propuestas
epistemológicas y gnoseológicas de la ficción. Por el camino, aporta unos
juicios muy interesantes sobre la relación entre ficción y realidad:
El Materialismo
Filosófico […] interpreta la realidad
de la Literatura, cuyo referente es la realidad humana, y lo hace desde la
organización filosófica de ideas, […]. Por eso es completamente cierto y
coherente afirmar que la literatura está hecha de realidades y de ideas que la
contienen, expresan e interpretan. Si no sucediera así no sabríamos a qué se
refiere una obra literaria, ni de qué nos habla, […]. (Maestro: 2006)
Para
entender el concepto de ficción en las coordenadas del Materialismo Filosófico,
es necesario comprender la noción de existencia
operatoria:
La existencia
operatoria es la que poseen los seres humanos, es decir, los sujetos que son
capaces de manipular la materia del Mundo interpretado (Mi) en sus
tres géneros de materialidad. (Maestro: 2006)
Por
el contrario, la existencia estructural queda definida de la siguiente manera:
La existencia
estructural es la que poseen los llamados “entes de ficción”, cuya materialidad
es primogenérica y terciogenérica, es decir, física (M1) y lógica (M3),
pero no psicológica o fenomenológica […]. (Maestro: 2006)
Los
entes de ficción carecen de existencia operatoria, de ahí que afirme que la
existencia operatoria de don Quijote es estructural.
La
Literatura se da en los tres géneros de materialidad; es analizable “en sus
implicaciones en el mundo de los objetos físicos” y “como material depositario
de ideas objetivas propias de un mundo lógico”. Ahora bien, los contenidos
psicológicos son siempre ficciones, explica Jesús G. Maestro. De modo que la
parte ficcional de la literatura es el M2: “los contenidos
psicológicos y fenomenológicos de la literatura, aun siendo materiales reales,
no son operatoriamente verdaderos”.
En
resumidas cuentas, la ficción es una parte de la Literatura, es una
materialidad que carece de existencia operatoria. Por eso “La literatura exige
una realidad”. En este libro, la Literatura deja de ser una ficción para ser
una construcción. La ficción literaria no la debemos oponer a la realidad, sino
que tenemos que comprender que son conceptos conjugados.
Por
último, Jesús G. Maestro escribe un apartado en el que reflexiona sobre
la genealogía de la Literatura. Este apartado lo expondré en una siguiente
entrada más detenidamente al abordar otro de sus libros: Genealogía de la Literatura. No obstante, dejo un esquema que el
propio autor inserta en este libro sobre la ficción:
El
mejor final a una reseña de este libro son unas palabras escritas por Jesús G.
Maestro sobre el análisis literario:
No hay
literatura irracional o ininteligible, sino críticos incompetentes. La Literatura es
una construcción humana, y como tal brota del racionalismo humano, al que
desafía en sus obras de arte una y otra vez. […] la Teoría de la Literatura y de
la Crítica de la Literatura es demostrar con claridad académica y con rigor
científico que los materiales literarios, por compleja y conflictiva que
resulte su elaboración y comunicación, son racionalmente interpretables y
humanamente inteligibles. Cualquier otra forma de proceder es un modo sofista
de ofuscar y confundir al lector, así como de disimular perversamente la
impotencia o la ignorancia del supuesto crítico o intérprete. (Maestro: 2006)
Firmado:
José Ángel Baños Saldaña
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