miércoles, 31 de agosto de 2016

RESEÑA DE "LOS MATERIALES LITERARIOS"

Este ejercicio ha sido realizado para el MOOC "Curso Superior de Teoría de la Literatura" del profesor Jesús G. Maestro.

En Los materiales literarios el profesor Jesús G. Maestro expone y explica con gran precisión los componentes fundamentales de la Literatura:
No es, pues, concebible, la Literatura al margen de su propia ontología. Los materiales de la Literatura son muy numerosos, y pueden organizar­se gnoseológicamente en torno a cuatro realidades ontológicas nucleares y fundamentales: el Autor, el Texto, el Lector y el Intérprete o Transductor. Cada una de estas categorías está relacionada en symploké con las demás, y por supuesto está implantada de forma determinante en un contexto pragmático, histórico y político, que resulta inseparable de ella. (Maestro: 2007)

De la formalización de los cuatro materiales literarios “se deriva un complejo procesual en el que es posible identificar cuatro momentos pragmáticos fundamentales, que la teoría del cierre categorial concibe dispuestos de forma” circular, dialéctica, dada en symploké y materialista. El circularismo se encuentra en la figura del transductor. Este es el esquema que realiza el profesor Jesús G. Maestro:

Se deben distinguir cuatro tipos de teorías gnoseológicas. El autor las diferencia porque, en Teoría de la Literatura, se han interpretado los materiales literarios a través de una de estas teorías:
1.      Descriptivismo. Ha determinado a las teorías sobre el autor. “La verdad se identifica aquí exclusivamente con la materia, que resulta hipostasiada (sea la obra literaria, en manos de los formalistas; sea el autor, frente al positivismo histórico; sea el lector, según las teorías de la recepción, etc.)”.
2.   Teoreticismo. Ha influido en las poéticas formales, funcionales y estructuralistas. “La verdad estará, pues, en la forma de los materiales literarios, forma que resulta hipostasiada, al ser separada de la materia que la dota de contenido empírico (es el caso del ser humano reducido a un pronombre personal ―yo― o sujeto lingüístico, de la poesía reducida a una secuencia tónica y átona de segmentos métricos, […]”.
3.      Adecuacionismo. Está relacionado con la estética de la recepción alemana y sus antecedentes fenomenológicos.
4.      Circularismo. Esta es la concepción que postula el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura. “La verdad científica o conocimiento correcto brota de contextos en los que desaparece la distinción entre materia y forma (la verdad como identidad sintética), en tanto que se concibe que la materia y la forma se construyen de forma mutua, simultánea, solidaria y conjugada”.
Autor, Obra literaria, Lector y Transductor forman las categorías de una ontología de la Literatura y permiten el cierre categorial de esta como disciplina científica. Los materiales literariaros, desde el punto de vista plotiniano, forman una totalidad atributiva, porque cada material desempeña una función única. Además, mantienen una relación sinalógica, es decir, “están relacionados de forma directa, física y operatoria”.
La isología, a diferencia de la sinalogía, es la relación de unidad entre términos que no mantienen relaciones de afinidad, contigüidad o proximidad. Constituyen totalidades atributivas. Estos conceptos se entienden mejor en su libro Crítica de los géneros literarios en el Quijote (2009):
Adviértase, por ejemplo, que la unidad entre los elementos sintácticos de una novela (personajes, tiempos, espacios, acciones o funciones narrativas y diálogo) es sinalógica, mientras que la unidad entre los elementos sintácticos homólogos de novelas diferentes es isológica (los personajes del Quijote de Cervantes respecto al Quijote de Avellaneda, a Tom Jones de Henry Fielding o Ana Karenina de Tolstoi). Las obras literarias son unidades sinalógicas, construidas a partir de términos relacionados entre sí formal y materialmente (es decir, gnoseológicamente), mientras que las interpretaciones de tales o cuales términos constitutivos de cada obra literaria en particular serán unidades isológicas, esto es, totalidades construidas a partir de términos que, pertenecientes a unidades literarias distintas, mantienen entre sí relaciones de analogía, semejanza u homología. (Maestro: 2009)
En lo respectivo al Autor como material literario, el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura considera que es “el artífice de los contenidos lógico-materiales, ideas y conceptos, objetivados formalmente en un texto que, de ser literario, interpretamos como literatura”. Se interpreta como materia y como forma.
El Autor es responsable de formas verbales (M1), de experiencias psicológicas (M2) y de ideas y conceptos lógicos (M3). De ahí que el profesor Maestro reaccione contra las teorías de Barthes, Derrida o Foucault. Como escribió Platón en su Sofista, “Debe lucharse con todo el razonamiento contra quien, suprimiendo la ciencia, el pensamiento y el intelecto, pretende afirmar algo, sea como fuere”. He aquí un claro ejemplo:
Si para lectores como Barthes, Derrida o Foucault, la autoría de ideas y conceptos lógicos formalmente objetivados en las obras literarias es algo que, en su indefinida, acrítica y acientífica noción de “texto”, les resulta ilegible, sua culpa est. No me cabe duda de que los seguidores de estos escribas posmodernos adolecerán de la misma miopía a la hora de leer las ideas objetivas contenidas formalmente, esto es, estéticamente, en los textos literarios. Si el autor no es autor de ideas, no habrá ideas legibles para ningún lector. Solo habrá formas, indudablemente, vacías de contenido, que el lector ignorante de ideas podrá henchir con alegre arbitrariedad —es decir, sin dar cuenta de sus actos interpretativos a ningún código racional o científico— de psicologismos e ideologías del más variado pelaje. (Maestro: 2007)
En cuanto al concepto de Obra literaria, se apunta que es la realidad material en la que se objetivan formalmente las Ideas de la Literatura. Partiendo del espacio antropológico, el texto se sitúa en el eje circular. La concepción radial cae en un reduccionismo corporeista y una falacia descriptivista. Si tomamos como referencia el eje angular, estaríamos llevando a cabo una teología de la Literatura.
Desde el punto de vista del espacio ontológico, delimita el lugar de la Literatura en la ontología especial:
Todo texto posee siempre una dimensión corpórea, cuya materialidad es estrictamente física o primogenérica (M1), asegurando de este modo nuestra percepción sensorial. El texto literario queda así configurado como un conjunto coherente de signos o formas verbales. En segundo lugar, es evidente que todo texto literario contiene formalmente objetivadas una serie de experiencias psicológicas a las que el lector accede a través de la lectura, la audición o la representación. Son los contenidos segundogenéricos, que el Materialismo Filosófico identifica con la materia psicológica o fenomenológica (M2) […].Finalmente, hay que constatar que un texto literario se singulariza específicamente por el sistema de ideas formalmente objetivadas en su discurso. Quiere esto decir que el signo literario no es simplemente una forma estética, ficticia y pragmática, sino que es, además y ante todo, la forma de un sistema de ideas. […].De este modo, la literatura se convierte en un discurso de dimensiones ontológicas terciogenéricas (M3), al mismo nivel que la Filosofía y que las Ciencias categoriales, si bien diferenciándose de estas últimas en el uso referencial y ficticio de las formas lingüísticas. (Maestro: 2007)
Considerado desde el espacio gnoseológico, el texto funcionará en el eje sintáctico como un término. “Del mismo modo, el texto literario es susceptible de múltiples relaciones, dadas sintácticamente, con otros términos categoriales del campo de la literatura, siempre a partir de un contexto determinante”. Dentro del eje semántico, el texto constituye el referente que asegura la existencia de la obra como realidad material.Sin abandonar el eje semántico, el texto literario opera como un fenómeno, esto es, en términos de Materialismo Filosófico, como un objeto que se manifiesta a la sensibilidad humana de modo distinto según el sujeto que lo percibe”. Cuando la percepción se convierte en una interpretación, el fenómeno se hace concepto. Dentro del eje pragmático, en cambio, el texto literario está sometido a unas normas de interpretación, a dialogismos y autologismos.
En lo relativo al Lector, este se conceptualiza como el ser humano o sujeto operatorio que interpreta para sí mismo. Las teorías de Jauss y otros (vid. http://teorialiterariayanalisisdetextos.blogspot.com.es/2016/08/ontologia-de-la-literatura-los.html ) son de carácter idealista. Sus lectores no son reales. En Genalogía de la Literatura leemos:
Desafortunadamente, ni Jauss ni Iser fundamentaron sus teorías sobre la idea y el concepto de un lector real, corpóreo, gnoseológico, operatorio. El suyo es un lector ideal, formal, teórico, trascendental, kantiano, luterano incluso, y dado al entendimiento en condiciones apriorísticas y acríticas. (Maestro: 2012)
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura exige la existencia de un espacio estético, puesto que es necesario que un lector interprete ideas objetivadas formalmente en los materiales literarios.
Por último, el intérprete o transductor, a diferencia de la interpretación para sí del lector, interpreta para los demás. De nuevo, puede consultarse http://teorialiterariayanalisisdetextos.blogspot.com.es/2016/08/ontologia-de-la-literatura-los.html o directamente los escritos de Jesús G. Maestro en http://jesus-g-maestro.blogspot.com.es/2014/10/interprete-o-transductor.html para obtener más información.

Firmado: José Ángel Baños Saldaña

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