Este ejercicio ha sido realizado para el MOOC "Curso Superior de Teoría de la Literatura" del profesor Jesús G. Maestro.
En Los materiales literarios el profesor Jesús G. Maestro expone y
explica con gran precisión los componentes fundamentales de la Literatura:
No
es, pues, concebible, la Literatura al margen de su propia ontología. Los
materiales de la Literatura son muy numerosos, y pueden organizarse
gnoseológicamente en torno a cuatro realidades ontológicas nucleares y
fundamentales: el Autor, el Texto, el Lector y el Intérprete o Transductor.
Cada una de estas categorías está relacionada en symploké con las demás, y por supuesto está implantada de forma
determinante en un contexto pragmático, histórico y político, que resulta
inseparable de ella. (Maestro: 2007)
De la formalización de
los cuatro materiales literarios “se deriva un complejo procesual en
el que es posible identificar cuatro momentos pragmáticos fundamentales, que la
teoría del cierre categorial concibe dispuestos de forma” circular, dialéctica,
dada en symploké y materialista. El
circularismo se encuentra en la figura del transductor. Este es el esquema que
realiza el profesor Jesús G. Maestro:
Se deben distinguir
cuatro tipos de teorías gnoseológicas. El autor las diferencia porque, en
Teoría de la Literatura, se han interpretado los materiales literarios a través
de una de estas teorías:
1. Descriptivismo.
Ha determinado a las teorías sobre el autor. “La verdad se identifica aquí exclusivamente
con la materia, que resulta hipostasiada (sea la obra literaria, en manos de
los formalistas; sea el autor, frente al positivismo histórico; sea el lector,
según las teorías de la recepción, etc.)”.
2. Teoreticismo.
Ha influido en las poéticas formales, funcionales y estructuralistas. “La
verdad estará, pues, en la forma de los materiales literarios, forma que
resulta hipostasiada, al ser separada de la materia que la dota de contenido
empírico (es el caso del ser humano reducido a un pronombre personal ―yo― o
sujeto lingüístico, de la poesía reducida a una secuencia tónica y átona de
segmentos métricos, […]”.
3. Adecuacionismo.
Está relacionado con la estética de la recepción alemana y sus antecedentes
fenomenológicos.
4. Circularismo.
Esta es la concepción que postula el Materialismo Filosófico como Teoría de la
Literatura. “La verdad científica o conocimiento correcto brota de contextos en
los que desaparece la distinción entre materia y forma (la verdad como
identidad sintética), en tanto que se concibe que la materia y la forma se
construyen de forma mutua, simultánea, solidaria y conjugada”.
Autor, Obra literaria,
Lector y Transductor forman las categorías de una ontología de la Literatura y
permiten el cierre categorial de esta como disciplina científica. Los
materiales literariaros, desde el punto de vista plotiniano, forman una
totalidad atributiva, porque cada material desempeña una función única. Además,
mantienen una relación sinalógica, es decir, “están relacionados de forma
directa, física y operatoria”.
La isología, a
diferencia de la sinalogía, es la relación de unidad entre términos que no
mantienen relaciones de afinidad, contigüidad o proximidad. Constituyen
totalidades atributivas. Estos conceptos se entienden mejor en su libro Crítica de los géneros literarios en el
Quijote (2009):
Adviértase,
por ejemplo, que la unidad entre los elementos sintácticos de una novela
(personajes, tiempos, espacios, acciones o funciones narrativas y diálogo) es
sinalógica, mientras que la unidad entre los elementos sintácticos homólogos de
novelas diferentes es isológica (los personajes del Quijote de Cervantes
respecto al Quijote de Avellaneda, a Tom Jones de Henry Fielding o Ana Karenina
de Tolstoi). Las obras literarias son unidades sinalógicas, construidas a
partir de términos relacionados entre sí formal y materialmente (es decir,
gnoseológicamente), mientras que las interpretaciones de tales o cuales
términos constitutivos de cada obra literaria en particular serán unidades
isológicas, esto es, totalidades construidas a partir de términos que,
pertenecientes a unidades literarias distintas, mantienen entre sí relaciones
de analogía, semejanza u homología. (Maestro: 2009)
En lo respectivo al Autor
como material literario, el Materialismo Filosófico como Teoría
de la Literatura considera que es “el artífice de los contenidos
lógico-materiales, ideas y conceptos, objetivados formalmente en un texto que,
de ser literario, interpretamos como literatura”. Se interpreta como materia y
como forma.
El Autor es responsable
de formas verbales (M1), de experiencias psicológicas (M2)
y de ideas y conceptos lógicos (M3). De ahí que el profesor Maestro
reaccione contra las teorías de Barthes, Derrida o Foucault. Como escribió
Platón en su Sofista, “Debe lucharse
con todo el razonamiento contra quien, suprimiendo la ciencia, el pensamiento y
el intelecto, pretende afirmar algo, sea como fuere”. He aquí un claro ejemplo:
Si
para lectores como Barthes, Derrida o Foucault, la autoría de ideas y conceptos
lógicos formalmente objetivados en las obras literarias es algo que, en su
indefinida, acrítica y acientífica noción de “texto”, les resulta ilegible, sua culpa est. No me cabe duda de que
los seguidores de estos escribas posmodernos adolecerán de la misma miopía a la
hora de leer las ideas objetivas contenidas formalmente, esto es,
estéticamente, en los textos literarios. Si el autor no es autor de ideas, no
habrá ideas legibles para ningún lector. Solo habrá formas, indudablemente,
vacías de contenido, que el lector ignorante de ideas podrá henchir con alegre
arbitrariedad —es decir, sin dar cuenta de sus actos interpretativos a ningún
código racional o científico— de psicologismos e ideologías del más variado
pelaje. (Maestro: 2007)
En cuanto al concepto
de Obra literaria, se apunta que es la realidad material en la que se objetivan
formalmente las Ideas de la Literatura. Partiendo del espacio antropológico, el
texto se sitúa en el eje circular. La concepción radial cae en un reduccionismo
corporeista y una falacia descriptivista. Si tomamos como referencia el eje
angular, estaríamos llevando a cabo una teología de la Literatura.
Desde el punto de vista
del espacio ontológico, delimita el lugar de la Literatura en la ontología
especial:
Todo
texto posee siempre una dimensión corpórea, cuya materialidad es estrictamente
física o primogenérica (M1), asegurando de este modo nuestra
percepción sensorial. El texto literario queda así configurado como un conjunto
coherente de signos o formas verbales. En segundo lugar, es evidente que todo
texto literario contiene formalmente objetivadas una serie de experiencias
psicológicas a las que el lector accede a través de la lectura, la audición o
la representación. Son los contenidos segundogenéricos, que el Materialismo
Filosófico identifica con la materia psicológica o fenomenológica (M2)
[…].Finalmente, hay que constatar que un texto literario se singulariza
específicamente por el sistema de ideas formalmente objetivadas en su discurso.
Quiere esto decir que el signo literario no es simplemente una forma estética,
ficticia y pragmática, sino que es, además y ante todo, la forma de un sistema
de ideas. […].De este modo, la literatura se convierte en un discurso de
dimensiones ontológicas terciogenéricas (M3), al mismo nivel que la Filosofía y
que las Ciencias categoriales, si bien diferenciándose de estas últimas en el
uso referencial y ficticio de las formas lingüísticas. (Maestro: 2007)
Considerado desde el
espacio gnoseológico, el texto funcionará en el eje sintáctico como un término.
“Del mismo modo, el texto literario es susceptible de múltiples relaciones,
dadas sintácticamente, con otros términos categoriales del campo de la
literatura, siempre a partir de un contexto determinante”. Dentro del eje
semántico, el texto constituye el referente que asegura la existencia de la
obra como realidad material. “Sin abandonar el eje semántico, el
texto literario opera como un fenómeno, esto es, en términos de Materialismo
Filosófico, como un objeto que se manifiesta a la sensibilidad humana de modo
distinto según el sujeto que lo percibe”. Cuando la percepción se convierte en
una interpretación, el fenómeno se hace concepto. Dentro del eje pragmático, en
cambio, el texto literario está sometido a unas normas de interpretación, a
dialogismos y autologismos.
En lo relativo al Lector,
este se conceptualiza como el ser humano o sujeto operatorio que interpreta
para sí mismo. Las teorías de Jauss y otros (vid. http://teorialiterariayanalisisdetextos.blogspot.com.es/2016/08/ontologia-de-la-literatura-los.html
) son de carácter idealista. Sus lectores no son reales. En Genalogía de la Literatura leemos:
Desafortunadamente,
ni Jauss ni Iser fundamentaron sus teorías sobre la idea y el concepto de un
lector real, corpóreo, gnoseológico, operatorio. El suyo es un lector ideal,
formal, teórico, trascendental, kantiano, luterano incluso, y dado al
entendimiento en condiciones apriorísticas y acríticas. (Maestro: 2012)
El Materialismo
Filosófico como Teoría de la Literatura exige la existencia de un espacio
estético, puesto que es necesario que un lector interprete ideas objetivadas
formalmente en los materiales literarios.
Por último, el intérprete
o transductor, a diferencia de la interpretación para sí del lector, interpreta
para los demás. De nuevo, puede consultarse http://teorialiterariayanalisisdetextos.blogspot.com.es/2016/08/ontologia-de-la-literatura-los.html
o directamente los escritos de Jesús G. Maestro en http://jesus-g-maestro.blogspot.com.es/2014/10/interprete-o-transductor.html
para obtener más información.
Firmado: José Ángel
Baños Saldaña
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